Rabia en Chile: una enfermedad que no hay que olvidar

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Rabia en Chile: una enfermedad que no hay que olvidar

Alonso Parra G.,  Comisión Una Salud, Consejo Metropolitano del Colegio Médico Veterinario (Colmevet)

Nicolás Galarce G., Director Comisión Nacional Una Salud de Colmevet y Académico de la  Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias, Universidad de Chile.

Cada 28 de septiembre se conmemora el Día Mundial contra la Rabia, una fecha que busca reforzar la prevención y mantener vigente el compromiso frente a una de las zoonosis más letales conocidas. La rabia es una enfermedad viral que afecta a animales y personas y que, una vez que aparecen los signos clínicos, presenta una letalidad cercana al 100%. Sin embargo, es una enfermedad prevenible mediante vacunación, vigilancia epidemiológica, diagnóstico oportuno y una respuesta coordinada entre los sistemas de salud humana y animal.

A nivel mundial, la rabia continúa siendo un importante problema de salud pública. Está presente en más de 150 países y territorios y se estiman alrededor de 59.000 muertes humanas cada año, principalmente en Asia y África, donde cerca del 40% de las personas afectadas son niños menores de 15 años. A ello se suma un impacto económico estimado en USD 8.600 millones anuales, asociado a fallecimientos, pérdida de medios de subsistencia y costos de atención y control.

Este año la conmemoración tiene un significado especial. Recientemente, Chile recibió la validación de la Organización Mundial de la Salud como país libre de rabia humana transmitida por perros, convirtiéndose en el primer país de Sudamérica en obtener este reconocimiento. El hito refleja más de 50 años de avances sin casos humanos de rabia transmitida por perros y reconoce también la capacidad desarrollada por el país para prevenir el restablecimiento de este ciclo de transmisión.

Este logro no significa, sin embargo, que la rabia haya desaparecido de Chile. El virus continúa circulando naturalmente en murciélagos, desde los cuales puede transmitirse ocasionalmente a otros mamíferos, incluidos perros, gatos y seres humanos. Así, en Chile se han registrado dos casos humanos asociados a variantes de origen silvestre, en 1996 y 2013.

La vigilancia confirma que este riesgo permanece. De acuerdo con los registros del Ministerio de Salud, se detectaron 171 casos de rabia animal en 2023, 141 en 2024 y 187 en 2025. Hasta agosto de 2026 se habían registrado 142 casos, todos ellos en murciélagos provenientes de distintas regiones del país. Estas cifras reflejan la persistencia del ciclo silvestre de la rabia y refuerzan la importancia de mantener una vigilancia epidemiológica activa, aun cuando Chile haya eliminado la transmisión de rabia humana mediada por perros y acciones de prevención del reingreso de variante caninas del virus rábico de países vecinos.

El reconocimiento alcanzado por Chile permite recordar el papel fundamental que ha tenido la Medicina Veterinaria en la protección conjunta de la salud animal y humana. El control de la rabia requiere mucho más que responder ante la aparición de un caso: supone mantener programas de vacunación, vigilancia epidemiológica, diagnóstico de laboratorio, control de reservorios, educación de la población y coordinación permanente entre distintas instituciones.

Durante décadas, médicas y médicos veterinarios del MINSAL, ISP, SAG, SUBDERE, municipios, universidades y del ejercicio clínico privado han contribuido a construir y mantener esta capacidad sanitaria. Este hito nos recuerda además el aporte de profesionales que han sido fundamentales en la historia del control de la rabia y otras zoonosis en Chile, como Eduardo Fuenzalida, Carlos Pavletic Brevis, Eduardo Álvarez y Myriam Favi.

El desafío ahora es mantener lo conseguido. Mientras el virus continúe circulando en reservorios silvestres y la rabia transmitida por perros permanezca presente en otras regiones del mundo, la vigilancia y la prevención no pueden detenerse.

En este Día Mundial contra la Rabia, el reconocimiento obtenido por Chile demuestra lo que se puede conseguir mediante políticas sanitarias sostenidas, vigilancia, ciencia y colaboración entre sectores. Es también una oportunidad para poner en valor el aporte de la Medicina Veterinaria bajo el enfoque Una Salud, donde proteger la salud de los animales contribuye directamente a proteger la salud de las personas y de las comunidades.