Estudiantes de Atacama comparten experiencias en entomología en la biofábrica de Freirina

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Estudiantes de Atacama comparten experiencias en entomología en la biofábrica de Freirina

La visita permitió conocer el trabajo desarrollado en el Liceo Bicentenario Ramón Freire Serrano y acercar a estudiantes y docentes a iniciativas de innovación y transferencia tecnológica agrícola.

Con el objetivo de conocer experiencias de innovación vinculadas a la agricultura y el manejo de organismos benéficos, estudiantes y docentes de establecimientos educacionales de la Región de Atacama participaron en una visita guiada a la biofábrica de Hacienda Atacama en la comuna de Freirina, iniciativa vinculada al trabajo desarrollado por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA Intihuasi.

La actividad se enmarca en el programa Transferencia Tecnológica para Mejorar la Rentabilidad de la Agricultura Familiar Campesina (AFC) de la Región de Atacama, ejecutado por INIA Intihuasi y financiado por el Gobierno Regional de Atacama. La jornada contempló un recorrido por la parcela demostrativa y una instancia de intercambio en torno a los procesos de investigación, producción de insectos benéficos y aplicación de tecnologías para una agricultura más sustentable.

Durante la visita, estudiantes del Liceo Bicentenario de Alto del Carmen conocieron el aporte del control biológico al manejo integrado de plagas, una alternativa que permite utilizar enemigos naturales para reducir la dependencia de plaguicidas de síntesis.

Para Alejandro Layana, investigador de INIA Intihuasi, contar con una biofábrica en la región representa un avance para los agricultores, quienes anteriormente enfrentaban dificultades para acceder oportunamente a estos organismos.

“Para Atacama es muy importante contar con una biofábrica de insectos benéficos. Hasta ahora, para el agricultor de la región era difícil acceder al control biológico porque había que traer los insectos desde lejos y muchas veces no llegaban a tiempo ni en buenas condiciones. Al producirlos aquí mismo, en Freirina, el agricultor puede tenerlos justo cuando su cultivo los necesita, recién producidos y con la calidad asegurada”, explicó.

El investigador agregó que esta producción local constituye un aporte directo al Manejo Integrado de Plagas (MIP), ya que permite reemplazar parte de las aplicaciones de insecticidas por liberaciones de enemigos naturales en el momento adecuado. De esta manera, se busca reducir la dependencia de productos químicos, proteger la fauna benéfica presente en los predios a la vez que se contribuye a la producción de alimentos más sanos.

Asimismo, para Carla Marín, profesional de apoyo de INIA Intihuasi, la producción de estos organismos contribuye a enfrentar las plagas de manera más eficiente y con un bajo impacto ambiental, disminuyendo además los costos asociados a los insumos agrícolas.

La profesional también destacó el valor de contar con tecnologías de crianza en biofábrica, que permiten disponer de organismos benéficos para su utilización en los sistemas productivos. “Esta estrategia favorece el equilibrio ecológico y contribuye a proteger la salud del suelo y los cultivos, además de ayudar a reducir las pérdidas ocasionadas por plagas”.

Otro de los aspectos destacados fue la participación de los estudiantes del Liceo Bicentenario Ramón Freire Serrano de Freirina, quienes estuvieron a cargo de presentar los distintos espacios y explicar los procesos desarrollados en la biofábrica. Este protagonismo les permitió compartir sus conocimientos técnicos y demostrar las competencias adquiridas durante su formación.

Para Janet Donoso, docente de la especialidad agropecuaria del establecimiento anfitrión, la experiencia representa un avance importante en el aprendizaje práctico de los jóvenes. “Para nosotros como docentes es un orgullo que sean nuestros propios estudiantes quienes presenten el trabajo de la biofábrica”, señaló.

Donoso agregó que la experiencia ha fortalecido la autonomía, la confianza y las habilidades de trabajo en equipo de los estudiantes. Al asumir la presentación de los procesos, los jóvenes han aprendido a organizarse, distribuir tareas y explicar sus conocimientos mediante un lenguaje técnico. De esta forma, la biofábrica se ha convertido también en un espacio para desarrollar habilidades que complementan su preparación como futuros técnicos agropecuarios.

Layana destacó precisamente el valor de involucrar a los estudiantes en las distintas etapas del control biológico.

“Una de las razones por las que el control biológico no se ha masificado entre los agricultores es que faltan técnicos que sepan de esto y que puedan acompañarlos en terreno, explicarles cómo y cuándo liberar los insectos y asegurarse de que el control funcione. Por eso es tan importante que los propios alumnos del Liceo Ramón Freire sean quienes críen, multipliquen y liberen estos insectos. No lo aprenden en un libro, lo viven, ven los resultados en el campo y entienden de primera mano cómo funciona. Así, de a poco, vamos formando especialistas que hoy hacen falta en la región”, sostuvo.

En este sentido, Paloma Pérez, docente de la especialidad agropecuaria del Liceo Bicentenario de Alto del Carmen, valoró la posibilidad de acercar a sus estudiantes a experiencias científicas fuera del aula y conocer directamente el trabajo que se desarrolla en el ámbito de la innovación agrícola.

“Este tipo de experiencias son fundamentales para lograr acercar a nuestros estudiantes a la ciencia de una manera más práctica y cercana”, afirmó.

La docente explicó que “observar los procesos de investigación y conocer cómo se producen los insectos benéficos permite relacionar los contenidos de clases con problemáticas reales del sector agrícola”. Asimismo, destacó la importancia de comprender que no todos los insectos son perjudiciales, ya que muchos cumplen funciones relevantes en los ecosistemas y pueden contribuir al control natural de plagas.

En esa línea, el acercamiento a la entomología permitió mostrar alternativas de manejo que buscan compatibilizar la producción agrícola con el cuidado del medioambiente. Para los estudiantes, conocer el ciclo de vida de estos organismos y los procesos asociados a su producción representa una oportunidad para comprender cómo la investigación científica puede aportar soluciones a los desafíos del territorio.

La iniciativa también vincula la formación técnico-profesional con las necesidades actuales de la agricultura regional, especialmente en materia de sustentabilidad y reducción del uso de productos químicos. Según destacó Donoso, la experiencia ha despertado el interés de algunos estudiantes por continuar desarrollándose en este ámbito, al mostrarles oportunidades laborales relacionadas con la producción y el manejo de organismos benéficos.

A través de este programa, INIA busca acercar conocimientos y herramientas tecnológicas al sector agrícola de Atacama, promoviendo el intercambio de experiencias y el desarrollo de capacidades. La visita a la biofábrica permitió, de esta manera, conectar la formación de los estudiantes con aplicaciones concretas de la ciencia y la innovación, relevando el papel de las nuevas generaciones en el desarrollo de una agricultura más sustentable.